07/02/2010
¿Haití? Ni un duro
Jordi Raich. Escritor
Nueva catástrofe natural, nuevo fracaso humanitario. Se una historia antigua que ya hemos visto antes en multitud de ocasiones. En el tsunami del océano Índico, en los terremotos de Cachemira y Java, en las inundaciones de Mozambique, incluso durante el huracán Katrina de Nueva Orleans. La magnitud del desastre en Haití ha hecho todavía mas manifiestas, si es que era necesario, las graves deficiencias de un sistema humanitario internacional que no aprende.
En Haití, como ayer, como mañana, hemos perdido dos semanas vitales durante las cuales centenares (seguramente miles) de personas que habían sobrevivido al terremoto han muerto bajo los escombros, o de heridas no tratadas, de hambre o a causa de la violencia generada por la falta de ayuda.
Mientras tanto asistimos a una nueva función del más clásico circo humanitario. ONG de todo el mundo se movilizan haciendo grandes declaraciones y criticando a la comunidad internacional antes de empezar a hacer algo. Las agencias de las Naciones Unidas prometen una respuesta inmediata y garantizan la coordinación de la ayuda internacional cuando a duras penas llegan a coordinarse entre ellas mismas. Los Estados Unidos toman el control del aeropuerto y convierten la acción humanitaria en una empresa militar donde la prioridad es enviar la comida, las camas y las duchas de los 10.000 soldados-cooperantes. La UE navega, como es habitual, perdida a la sombra de los norteamericanos. Una tropa de consultores, analistas y académicos opina sin cesar en los medios de comunicación diciendo a los demás como tienen que hacer su trabajo. ONG falsas ponen anuncios a diestro y siniestro para robar donaciones. Hillary Clinton y Carla Bruni compiten a ver cuál se pasea primero entre los escombros y los muertos de Puerto Príncipe. Bill Clinton y Bush padre se erigen en gurús humanitarios. George Clooney y sus ricos amigos organizan fiestas que benefician más su imagen que a los haitianos. Y todos juntos se pelean para salir en la tele a pedir dinero, dinero, dinero, dinero...
Así, los haitianos pasan días y días sobre los escombros, rodeados de cadáveres, sin agua ni comida, ni asistencia médica, en manos de las redes de prostitución y de tráfico de niños que hacen el agosto en medio del caos. Centenares de personas mueren porque la ayuda no llega a tiempo, y cuando llega unos reciben cazuelas pero no comida, a otros les dan arroz pero no tienen nada para hervirlo, unos cuantos reciben o roban tres veces más de lo que necesitan y lo venden a precios de escándalo a los que no les dan nada en absoluto ...
Y no es una cuestión de falta de voluntad, ni de mala fe, ni de escasez de dinero o de recursos (el aeropuerto está lleno hasta los topes). Es un problema de organización, de falta de coordinación. Un serio asunto que no es nuevo, que ya hemos visto en numerosas catástrofes antes y que nadie del ramo esconde. Pero lo que hace falta es ir más allá de nombrar el problema. ¿Por qué es literalmente imposible coordinar tanta ayuda, tanta generosidad? Pues porque hay demasiadas ONG, demasiadas instituciones peleándose por los recursos, demasiados 'expertos'.
Paradójicamente, como más gente quiere ayudar menos ayuda reciben las víctimas. El sector de la ayuda humanitaria está sobredimensionado desde hace años y necesita regulación urgente. La brutal proliferación de agencias humanitarias perjudica a las víctimas a las que se supone que pretende socorrer porque dispersa los recursos económicos existentes entre miles de pequeñas organizaciones, aumenta los costes de gestión, dificulta la coordinación de la ayuda urgente y genera una competición malsana entre ONG para las que su prioridad es su propia supervivencia, no la de los damnificados.
Y ayudar a regular el sector está en sus manos. ¿De veras quiere ayudar a Haití? Pues no dé ni un duro a las ONG, colabore a disminuir su número y la próxima catástrofe todo será más fácil de organizar y menos gente morirá por culpa de nuestro afán de protagonismo.
¡Ah! Tampoco dé ni un duro a los gobiernos, con lo que paga en impuestos ya es suficiente. Recuerde que si encontraron billones para rescatar a los bancos de la quiebra económica a buen seguro pueden encontrar unos cuántos millones para rescatar a Haití.