15/02/2010
¿Tormentas en vasos de agua?
Toni Bolaño
Los mentirosos políticos están agitados. Y no es para menos. Esta semana dos nuevos partidos se han añadido a la pugna electoral. Por una parte, la exdiputada Nebrera y por la otra el partido xenófobo de Anglada que da el salto a la política catalana. Dos malas noticias para el PP que en su espacio ya se encuentra una beligerante UPyD que agita la bandera de España una y no cincuenta y alentada por algunos medios de comunicación, y unos Ciudadanos dañados que intentan resurgir de sus cenizas.
IC está librando su particular guerra con los medios de comunicación, con los bomberos y los mossos y con el mundo en general, mientras que su candidato Herrera se presenta como una especie de salvador de los humanos en un tono dialéctico que recuerda al sermón de la montaña. ERC se recupera de heridas antiguas e intenta reagrupar –perdón por la palabra– a los desencantados de los últimos años pero todavía va coja. Han pasado demasiadas cosas y el mundo independentista todavía está removido y en algunos casos el desencanto puede hacer quedarse en casa a un buen grupo de votantes republicanos.
El PSC parece que no tenía bastante con el desgaste de gobierno –catalán– y el desgaste de una crisis mal gestionada por el gobierno –español– que ahora añade un alboroto que no se entiende demasiado bien y que parece responder más a intereses personales –ahora se hacen las listas– que a intereses de partido. El presidente Montilla intenta mantener la calma pero declaraciones fuera de lugar abren tormentas no deseadas que no ayudan precisamente a dar una imagen de cohesión interna. Esta situación anima a CiU que toca tambores de guerra, lo cual no es criticable porque la juerga la inician los mismos socialistas. Ahora, de eso a elecciones anticipadas hay un buen trozo.
Los socialistas son plurales –sólo hay que ver a los miembros del gobierno– pero algunos reivindican esta pluralidad de manera tal que más bien parece que hablan de divisiones, o las reivindican. Mala cosa, sin duda, que no favorece la imagen de unidad que necesitan los socialistas catalanes lastrados por un segundo tripartito que no ha dado la imagen de coherencia que sí ha demostrado el presidente y que les ha alejado de algunos sectores de votantes tradicionales.
CiU mira mal los movimientos de Laporta y dicen que Mas ha ordenado romper todos los vínculos con el presidente del Barça que poco a poco va sacando pecho y se convierte en una amenaza porque favorecerá la fragmentación del voto nacionalista. Es más, algunas voces apuntan a que hombres próximos a Mas –de fuera del partido– y con vínculos con el máximo responsable azulgrana le intentan convencer de que su salida no es la política. Laporta mantiene la indecisión calculada esperando su momento, que quizás llega cuando tenga garantizada la candidatura de Ferran Soriano para dar un empuje a un Godall que no parece el presidenciable más deseable.
De momento, la federación nacionalista ha distraído al personal con una hábil maniobra política que la ha colocado en el centro del debate político español pidiendo un pacto de estado. Un terreno de juego donde Duran se encuentra cómodo y que da de rebote una imagen de partido serio y de gobierno que los nacionalistas necesitaban después de sus aventuras soberanistas. Por cierto, en las últimas apariciones públicas de Mas las esteladas han brillado por su ausencia.
El alboroto de los últimos días seguramente será una tormenta en un vaso de agua – o no – pero ante las turbulencias que se esperan en la política catalana habrá que mantener una cierta atención sobre todos los movimientos. El que se equivoque puede recoger una mala cosecha. O no llegar en buena forma. Quién más grite y no se mueva demasiado tampoco la tiene garantizada. Como diría aquél "éramos pocos y parió la burra".