21/02/2010
A perder el tiempo
Toni Bolaño
No aprendemos la lección. Hemos tenido el aeropuerto diez años más tarde de lo previsto porque nosotros mismos nos hemos enredado para retrasarlo con la excusa de proteger a unas aves que nos decían que eran autóctonas, y después hemos sabido que de autóctonas, nada de nada. Resultado: hemos llegado tarde y hemos perdido empuje. Y no digamos nada del cuarto cinturón, el gran cuestionado. Poco a poco se va haciendo, pero cuando lo tengamos quizás llegará tarde y no dará las soluciones que se necesitan para tener un país competitivo con unas infraestructuras competitivas. Seguro que volveremos a llegar tarde.
Son dos ejemplos que ilustran cómo somos capaces de suspender nuestros retos como país. Pedimos un país competitivo de primera pero, eso sí, con infraestructuras de tercera. Nos escondemos tras un falso ecologismo de salón para el que toda innovación es sinónimo de atentado a nuestro entorno. Más ejemplos: no tenemos estabilidad energética porque ponemos todos los palos en las ruedas que podemos para evitar una conexión con Francia que es totalmente necesaria y para la que no existe alternativa. Necesaria para mantener un nivel de calidad en la industria turística de Girona, y necesaria para dar respuestas a las demandas de las empresas que requieren de garantía de suministro energético par instalarse en las regiones gerundenses y que, finalmente, son creadoras de ocupación. Y, no lo olvidemos, necesaria para garantizarnos la electricidad en momentos de crisis energética por falta de suministro. Como siempre, la cultura del no ha emprendido una fuerte oposición aduciendo la defensa del medio ambiente, pero obviando las necesidades de empresas y personas.
Una vez demostrada la utilidad de la línea, hemos iniciado otro gran debate. Subterránea o línea tradicional. Ante el dilema empieza otro debate. Otro retraso. Queremos una línea toda subterránea, pero nadie nos dice cuál será el sobrecoste de hacerla de esta manera y tampoco nos queda claro si técnicamente es posible. Enterrar una línea de alta tensión significa construir un túnel parecido al del metro, con toda una serie de instalaciones técnicas de alta complejidad, en la construcción y en el mantenimiento. Y evidentemente, sin ningún tipo de coste cero en seguridad. Mientras tanto, la línea continúa sin hacerse y el tiempo pasa y se nos va entre los dedos.
Se plantea el Almacén Temporal Centralizado y nos damos prisa en denunciar la hecatombe, la inseguridad y el peligro de una instalación que funciona por toda Europa y que no ha traído ningún tipo de problemas. Quizás, alguien tendría que pensar que las nuevas tecnologías hacen estas instalaciones seguras y, de rebote, dan trabajo y generan riqueza en sus entornos territoriales. No contentos con la nueva polémica, ponemos de paso en cuestión la energía nuclear. Claro está, se levanta la voz contra una energía peligrosa, pero que, hasta no se diga lo contrario, es la energía que da seguridad y estabilidad al sistema energético español y catalán. Todo sea para volver a perder el tiempo.
Seguridad y estabilidad que no dan otros tipos de energía alternativas. Al menos de momento, ni la eólica, la hidroeléctrica, la de biomasa o la solar están en condiciones de hacerlo. Lo que sí pueden estas energías limpias es disminuir la importancia de la energía nuclear en el sistema. Así lo ve el Govern, que saca adelante el nuevo plan eólico. Evidentemente, ya tenemos la polémica. Algunos alcaldes quieren que sus vecinos tengan energía, aire acondicionado, calefacción, que se instalen empresas en su término municipal, pero no quieren saber nada de los molinos eólicos. Ya tenemos la primera oposición. Segunda oposición, el movimiento ecologista, que rápidamente ha dicho 'no' porque el plan del Govern no prevé la sustitución de la energía nuclear. Aquéllos que defendían los molinos eólicos como la gran alternativa, ahora que tienen la oportunidad levantan la bandera del impacto visual. ¡Lástima que los molinos no puedan ser subterráneos!
Quizás no sabemos que de momento la tecnología no permite esta sustitución y que el nuevo plan eólico lo que hace, ni más ni menos, es aportar al 'mix' energético una potencia que disminuirá la importancia de la nuclear, pero que no la sustituirá, simplemente porque, de momento, es imposible. Así las cosas, tenemos delante otra polémica, otro debate que nos volverá a hacer perder el tiempo. A buen seguro, no será el último. Después nos quejamos de que perdemos empuje. La culpa, evidentemente, será de Madrid. Y aquí, en nuestra casa, ¡viva la cultura del no! Queda 'happy'.