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12/03/2010
Sin título
¿Qué hacía Montilla en la sede de Endesa?
Josep Tordera
A lo largo de esta desdichada semana ha habido muchas cosas dignas de ser criticadas. Hay que criticar determinadas carencias en el operativo establecido por el Gobierno catalán y sus constatables problemas de comunicación con la ciudadanía, hay que criticar la actuación extremadamente negativa de las compañías encargadas de suministrar electricidad (Red Eléctrica Española) y de hacerla llegar (Endesa ) a hogares, empresas, tiendas y todo tipo de servicios a la ciudadanía (escuelas, sanidad, etc.). Hay también que criticar determinados comportamientos de los medios de comunicación a la hora de enfocar sus informaciones sobre la gran nevada y sus consecuencias, pero también debemos dejar de lado el tópico de que "el cliente siempre tiene la razón" y criticar la respuesta de un buen puñado de ciudadanos ante una situación conflictiva.

Me parece que del Gobierno catalán lo que más hay que criticar es su política de comunicación, por cierto una de sus carencias más importantes a lo largo de todo este mandato. Los responsables de hacer frente a la nevada y sus consecuencias cometieron aciertos y algunos errores pero fueron incapaces de abrir una línea continua de información con la ciudadanía desde el primer momento del lunes. Si los ciudadanos y los medios no disponen de información directa de su Gobierno, las informaciones les llegan por medio de las llamadas a las radios y a las teles y estas llamadas suelen ser de personas que se encuentran afectadas por algún problema concreto y comprensiblemente enfadada por no disponer de información oficial sobre lo que está pasando. Esta situación genera una dinámica de llamadas similares con la creación de la consiguiente sensación de "esto se hunde".

Y el caso es que esta sensación la podían tener un buen puñado de ciudadanos, los que se habían quedado sin luz en su casa, en su pueblo, en su trabajo, o los que habían quedado bloqueados en una carretera, pero no todos. Ya va siendo hora de que nuestros políticos empiecen a tratar a la gente como ciudadanos responsables y no como clientes. Ya va siendo hora de que los ciudadanos entendamos que situaciones excepcionales generan problemas que no son resolubles en cuestión de horas. Pero, en este país, los políticos han malacostumbrado a la ciudadanía. Los que gobiernan, a menudo evitan tomar decisiones comprometidas si creen que hacerlo les puede costar votos. Por otra parte, la oposición intenta sacar beneficio político de cualquier actuación gubernamental si ven que hay gente que está en contra. De hecho, los incendios y las nevadas, sirven de ejemplo de esta utilización de la ciudadanía por parte de gobiernos y oposición. Los que antes estaban en el Gobierno y defendían su gestión frente a los incendios y las nevadas, ahora critican la gestión del actual Gobierno. Y viceversa.

Entre unos y otros, han llegado a instalar entre los ciudadanos un pensamiento que también está bastante extendido en el mundo occidental: "No en el jardín de mi casa".

Hay que hacer más cárceles, pero no las queremos cerca de nuestra casa; necesitan vertederos, pero deben estar bien lejos de nosotros, hay más electricidad, pero no debemos acoger, ya no la Línea de Muy Alta Tensión (MAT) ni las nucleares, de hecho, no queremos ni las torres de energía eólica. Los Gobiernos y la oposición nos tratan como clientes a los que hay que mimar, y la consecuencia ha sido que muchos ciudadanos no están dispuestos a asumir que hay cosas que pueden dejar de funcionar de manera excepcional. O de otros que en línea con José María Aznar ( "A mí nadie me debe decir si puedo o no beber ni cuanto he de beber"), creen que los consejos de seguridad no les afectan a ellos. Y de esta manera salen a las carreteras a pesar de que nieve, o quizá porque nieva, y muchos lo hacen sin cadenas con el consiguiente riesgo para ellos o para los otros conductores. De hecho, muchas carreteras cerradas lo fueron por culpa de coches sin cadenas que resbalaron y quedaron situados en medio de la vía.

Dicho esto, volvamos al Gobierno. José Montilla, lo ha dicho él mismo muchas veces, es más hombre de hechos que de palabras. Pero esto, que tiene aspectos positivos no siempre lo es cuando se gobierna. El ejecutivo debe tener una imagen pública que sirva de referencia a los ciudadanos en casos como los que hemos vivido estos días. El Gobierno central tiene como portavoz político a la vicepresidenta De la Vega, en tiempos de Felipe González lo fue, con mucho acierto, Alfredo Pérez Rubalcaba. Y en el primer gobierno tripartito fue Joaquim Nadal que compaginó su consejería con el trabajo de portavoz.

Montilla decidió suprimir esta figura - hay una portavoz, la periodista Aurora Massip, pero no con las funciones de tipo político que tenía Nadal - y decidió que en la rueda de prensa posterior a cada reunión del Gobierno interviniera el conseller responsable de algunos de los puntos más significativos aprobados ese día. Esto hace que, acabado este tema, el portavoz de turno se limite a echar pelotas fuera cuando se le pregunta por asuntos de otras conselleries.

El estilo silencioso de Montilla ha ido marcando al conjunto del Gobierno, salvo llamativas y esporádicas excepciones. Parece como si el lema del ejecutivo sea "nuestro mal no quiere ruido". Una fórmula que puede ser cómoda por el gobernante, pero que aleja a los políticos de los ciudadanos y que está en contra de la transparencia que debe tener la acción de cualquier gobierno. Y que, además, como ya se ha constatado, es extremadamente peligrosa por el propio Gobierno en situaciones como ésta.

Dicho esto, se hace difícilmente comprensible, que los expertos en comunicación de la Presidencia, no advirtieran a Montilla de los riesgos que para su imagen comportaba su visita a la sede de Endesa en Barcelona para exigir explicaciones sobre la situación de su red y sobre el estado de los trabajos para restablecer el servicio de luz a miles de abonados. Está muy bien que el presidente quiera saber, pero ¿no habría sido más apropiado que el presidente, como máxima autoridad de Catalunya, exigiera la presencia inmediata de los directivos de Endesa en su despacho del Palau de la Generalidad en vez de desplazarse él a la sede de la compañía eléctrica?

También en el apartado de las cosas difíciles de entender está que el conseller de Interior, Joan Saura, viajara el domingo por la tarde a Palma, sabiendo como sabía que las previsiones del tiempo anunciaban problemas. Y hay también que preguntarse los motivos que hicieron que el responsable del operativo hubiera pasado el fin de semana en Manresa en vez de quedarse en Barcelona haciendo todos los preparativos.

No, la culpa de lo ocurrido esta semana no ha sido toda del Gobierno, pero si hay algo de lo que incuestionablemente ha sido culpable ha sido en su labor de imagen y comunicación. Una culpa tan grande que exige un cambio radical en este terreno.
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