22/03/2010
03:55
Recuerden el Titanic
Toni Bolaño
Artur Mas se presenta por tercera vez a las elecciones. Las dos primeras las ganó pero fue incapaz de gobernar. Ahora está ante su última oportunidad. Por eso, no pierde el tiempo. Aunque las elecciones no se celebrarán hasta otoño ha engrasado su maquinaria. Se ha proclamado candidato para visualizarse como “la alternativa” y demostrar que está preparado para gobernar. Los errores del tripartito parecen un buen combustible para ir a velocidad de crucero, pero en su sala de máquinas hay nerviosismo.
Hasta hace poco, Mas acarició la posibilidad de un tándem con Laporta. En pleno idilio, no escatimó escarceos independentistas. De golpe, Mas lo ha dejado en dique seco y ha roto amarras. Ahora, Laporta es un peligro. Su desembarco en política hace realidad, más que nunca, la fragmentación del voto nacionalista. Su presencia es, en sí misma, una amenaza a las aspiraciones de Mas, que no puede permitirse el lujo de perder ni un solo diputado porque tiene pocos aliados. Más bien, ninguno.
Consciente del riesgo, ha pedido a lo más granado de la sociedad catalana que presione a Laporta para que abandone. El presidente blaugrana hace oídos sordos y mantiene la incógnita. Lo hará hasta junio. Necesita que los suyos ganen en las elecciones en el Barça para que nadie pueda ensombrecer su campaña levantando alfombras. Ahora se limita a dejarse ver y a decir que lleva Cataluña en el corazón. Algunos malpensados piensan que también en el bolsillo.
El pasado es una losa para Mas. En muchos frentes, demasiados. Critica a las eléctricas por el apagón, pero algunos todavía recuerdan que la sede de CDC fue comprada a buen precio a Endesa.
Recuerden, el Titánic también se hundió.