28/04/2010
18:46
ENTREVISTA * Jorge Bucay, escritor y médico especialista en enfermedades mentales argentino
"Cuando conoces los catalanes, es difícil no amarlos"
Texto: David Vilar
Foto: La Magrana
Los libros del argentino Jorge Bucay (Buenos Aires, 1949) son best-sellers en una treintena de países de todo el mundo y se han traducido a 24 idiomas. Licenciado en Medicina y especialista en enfermedades mentales, Bucay sintió la necesidad de salir del consultorio para tratar sobre la psicología de la salud. Asegura que sus libros, con más preguntas que no respuestas, no son de autoayuda ni manuales. Ahora vuelve a la carga con su decimoctavo libro, 'El camino de la espiritualidad' (Grijalbo, 2010), el 'quinto camino', en el que, tras haber recuperado su fe en un teórico Dios, propone encontrarlo para 'Llegar a la cima y seguir subiendo'. Bucay nos concedió una entrevista en plena ebullición de Sant Jordi, la fiesta del libro por excelencia.
Siempre había oído que lo difícil era llegar a la cima y mantenerse... pero usted propone en el título 'Llegar a la cima y seguir subiendo'.
Cuando acabé 'El camino a la felicidad', uno de mis cuatro 'caminos', no tenía ninguna duda que eso era llegar a la cima. ¡Ya está! Ya no tengo nada más para decir ni hay más. Pero estar ahí, en la cima, implicaba más cosas: trabajar para volvernos más sabios, y escribir de la ignorancia de la sabiduría... que funcionaba como un quinto camino. Pero hace un tiempo, por cosas que empezaron a pasarme e imágenes que empezaron a aparecerse en la memoria, pensé que igual sabía algo más. Esto empezó especialmente en una visita que hice a México, Tepoztlán, donde hay una cultura alrededor de un monte que es muy famoso y que es un lugar energético para los lugareños, y lo subí para contemplar un templo construido en piedra por los indígenas de la zona. Y llegar ahí arriba era conmocionante, ver el valle, ver la ciudad, ver el templo humilde que hay... Y empecé a pensar que este ascenso era algo que venía después de la felicidad, después de la sabiduría. Y también recordé algo que dicen los sufís sobre la iluminación: una vez llegas a la cima, hay que seguir subiendo. En nuestra cultura, eso sería el camino espiritual. Empecé a investigar sobre esto y el libro es un resultado de esta investigación, de mucho leer, de muchos maestros con los que hablé y de muchos viajes a lugares que han sido huella del camino de búsqueda de la felicidad en toda la historia. Aprendí mucho, me pasaron muchas cosas que yo no tenía previstas, que son las que el libro intenta retratar.
Estamos, pues, ante un Jorge Bucay más místico... ¿por qué asociamos siempre lo espiritual a lo místico?
Es que este Jorge Bucay que ves hoy no es el Jorge Bucay que era. En una charla sobre este libro, un señor me dijo que 'este libro es diferente de los otros, pero escucharte hoy y haberte escuchado hace 10 años es escuchar que eres otra persona'. No, soy el mismo, le dije. No, me respondió, lo que se ve de ti no es lo mismo que se veía. ¿Tanto se nota?, le pregunté. Y me dijo, sí. Ya no le quise preguntar si mejor o peor por temor a la respuesta (risas). Me conformo con que era diferente. Como decía mi mamá, los chicos crecen... Soy el mismo Jorge Bucay, pero igual mostrando un aspecto que hasta ahora no había mostrado.
Es difícil, como asegura usted mismo, entender que los libros de Jorge Bucay (excepto uno) no son de autoayuda...
Yo ya he renunciado a tratar de convencerlos, porque a mí no me molesta. Si digo que soy de autoayuda, en realidad engaño a la gente. Porque si alguien compra un libro mío va a pensar: ¿y la autoayuda dónde está? ¿Dónde están las soluciones que me iba a dar? Un libro de autoayuda te da respuestas, te da caminos, te da pautas... y mi libro no tiene eso. No hago libros de autoayuda porque no tengo las respuestas. No digo qué hay que hacer para recorrer un camino espiritual, sino que hay un camino espiritual... En España se publican más de 1.000 libros por semana. Imagínate a los libreros, que han de poner constantemente las novedades en los estantes... y mis libros están en los estantes de 'Autoayuda', pero ¿dónde podrían ponerlos si no? Podrían ponerlos en libros de psicología, pero la verdad es que tampoco es eso. Es un libro para el lector, pero no un manual de divulgación.
Usted ofrece más preguntas que no respuestas... pero el sólo hecho de ayudar a reflexionar, a hacernos esas preguntas, ¿no supone un método de ayuda?
Es verdad. Pero también te digo que el libro que más me ha influido en la vida es 'Casa tomada', de Julio Cortázar, pero de ahí a que yo pueda decir que este libro de Cortázar es de autoayuda, pues como que no. Cuando le preguntaban a Krishnamurti si él esperaba que quien le escuchara cambiara su vida, él decía: yo no quiero que estén de acuerdo, ni que me aplaudan, lo único que yo quiero es que te pase algo cuando me escuchas. Y la verdad es que ésta es la intención de todos los que hacemos algo.
La autoayuda se suele asociar rápidamente a patrañas, habladurías, charlatanería barata... hay mucho escepticismo alrededor de este concepto.
Lamentablemente, hay mucha patraña. En este campo, como en muchos otros, se da el intrusismo intelectual: mucho médico que no es médico, mucho periodista que no es periodista, mucho político que no es político... De esto sabemos mucho los latinos. Y esto deteriora el mercado. La facilidad en la comunicación ha provocado que mucha gente pueda hablar con demasiada facilidad, pero también ha provocado el 'bastardeo'. En el mundo de la espiritualidad yo estuve investigando un poquito y me encontré muchas tonterías. Quizá no lo sean, pero para mí sí. Por ejemplo, confundir espiritualidad con astrología. Y hay quien lo dice para aprovecharse de la situación, pero también hay quien lo dice plenamente convencido. Y van por lugares absolutamente diferentes. Hay mucho charlatán hablando de esto, porque si tiene que hablar de fisión nuclear es más difícil que si lo hace de espiritualidad, donde no se puede aseverar nada. Pero para mí por eso es tan difícil hablar de espiritualidad, porque todo en el fondo es un enigma, un misterio, no se puede definir...
Usted se documentó para este libro en Latinoamérica, en las Piedras de StoneHenge, en el Camino de Santiago, en Oriente Medio... ¿Hay un patrón común en tan diferentes civilizaciones para hallar el camino a la espiritualidad?
Hay cosas en común, pero cada una tiene su matiz y su toque, salvando las distancias. Es como el cocido: puchero se llama en Argentina, cocido en Madrid y 'escudella' en Catalunya, pero básicamente un cocido es la misma cosa. Aunque en cada lugar tiene su gusto, su sabor, su esencia, su identidad... La búsqueda de la espiritualidad, en cada civilización e inclusive en cada momento de la historia, tiene su impronta. Para bien o para mal, en la historia la espiritualidad ha estado reservada a la religión. No había espiritualidad sin religión. Espiritualidad sin religión era magia negra, brujería. Hoy el mundo ha cambiado. Sabemos que la religión necesita de la espiritualidad, pero no necesariamente la espiritualidad necesita a la religión. Es difícil creer que haya una fe auténtica sin un aspecto espiritual, pero es imposible pensar que pueda haber una espiritualidad sin fe. Y de hecho, la hay. He entrevistado personajes con una espiritualidad que puedes percibir estando con ellos y que se declaran agnósticos, o ateos totales. Mi camino me ha acercado mucho a la fe, y ha cuestionado muchas de las improntas agnósticas que yo tenía.
¿Y qué le diría hoy a aquél que mantiene cerrada la puerta a cuestiones espirituales?
Que está bien. No creo que sea mejor creer que no creer. Es algo que te pasa. En Argentina, cuando los jóvenes dicen que no le gusta el tango, los viejos tangueros les repiten con mucho placer: no te preocupes, que el tango te espera. Y es así, a medida que vas creciendo vas descubriendo que hay algo ahí que no habías visto. Aunque no lo considero ventajoso, sí que creo que en algún momento esto te llega, te pasa. No creo que sea ahora mejor persona que antes porque crea en Dios. No ha implicado culto, ni tan solo oración. Tiene que ver con algo más externo, que me gusta.
¿Muchos cierran la puerta a lo espiritual al asociarlo a la religión y a la iglesia, su institución?
Suponiendo que Dios exista, el poder no está en mano de los sacerdotes. Segundo, entendamos que hay una iglesia que ha quedado muy atrás, y no sólo la cristiana, en todas, donde la fe ha quedado asociada al temor, al miedo, a un personaje pecaminoso e intimidador como Satanás... Pero también hay otra historia, otra fe, otra cristiandad, otra religión y otra religiosidad. Un sacerdote amigo mío dice que la Biblia y los Evangelios tienen un problema de traducción, porque por ejemplo la palabra 'pecado' en realidad quiere decir equivocación. Y el único pecado que en realidad ofende a Dios es que no seamos felices. Una imagen de Dios como figura de referencia y no como administrador de premios y castigos es capaz de darte un modelo, una pauta, una sonrisa, para ser mejor, y el camino espiritual es éste. El mejor intento de volverse uno una mejor persona. La espiritualidad es conectar con eso.
Usted es médico, especialista en Salud Mental. Además ha escrito libros, parece un psicólogo y he leído que hasta usted es terapeuta. ¿Cómo se produjo esta 'evolución'?
Mi título es especialista en enfermedades mentales, pero acabo hablando de Salud Mental. Esta 'evolución' se produce porque en algún momento aplico aquello de que si la psicología es buena para el ser enfermo, quizá también sea buena para los sanos. Y a partir de esa frase, varios empezamos a trabajar sobre la psicología de la salud. La psicología para provocar el crecimiento, no para sanar. Y trabajando en esto empiezo a salir del consultorio y hacer otras cosas: dar charlas, escribir artículos, conectar con los medios, dar entrevistas sobre psicología para el público en general... Y ya ves el resultado, mis libros traducidos a 24 idiomas y publicados en 35 países. Algo muy halagador, pero señal también de que muchas cosas de las que me pasaban a mí allí también le pasaban a otras personas. Y nos sirve siempre saber qué hizo otro cuando pasó por esa situación.
Reside en Nerja, provincia de Málaga. ¿Qué le atrapó de allí como para establecerse?
Podría decirte muchas cosas, pero es un pueblo donde nunca pasa nada, o no pasan demasiadas cosas. Y lo que pasa, no es ni demasiado bueno ni demasiado malo. Vine a España con una amiga mía e hicimos un pequeño viaje turístico por la costa del sur de España, que ya no conocía. Cuando pasamos, y entramos en Nerja, y me asomé al 'Balcón de Europa', pensé: ¡qué lugar para vivir! Y eso que no sabía nada de ese lugar, pero fue impactante. Mis abuelos sefardíes salieron de España, y España siempre tuvo para mí la impronta, la carga, que se recuerda genéticamente. Siempre sentí que España, y sobre todo Andalucía, me llamaban. Cuando mis libros se empezaron a vender y descubrí que para impulsarlos debía hacerlo desde España, la lógica era vivir en Barcelona o Madrid, o en Granada. Pero no, yo quería Nerja. Realmente no tiene nada, pero cada rincón es mágico. Las playas son pequeñas y pobres, pero tienen un encanto enorme. Y a mí me gusta que me comer bien, hay restaurantes de todas las culturas, eso sí, ya que el turismo que acude allí no es precisamente español... Incluso los autos en la calle se cierran sin llave...
¿Qué opinión tiene de Sant Jordi?
Es la fiesta de cumpleaños de los libros. Una ciudad, un país, un pueblo, agasaja el libro como si fuera un amigo. ¡Y sale a la calle a festejarlo! He estado en una cuarentena de ferias de libros por todo el mundo y ninguna es como Sant Jordi. No existe en el mundo una fiesta donde todo el pueblo, donde toda la ciudad, donde toda la gente, esté festejando con libros. Se ha intentando en Sao Paulo, en Monterrey, en muchos lados.. sacar las librerías a la calle, ferias con mucha gente, pero el fenómeno social de Sant Jordi no tiene comparación.
Si uno no conoce Catalunya y los catalanes, y llega por primera vez para el día de Sant Jordi, ¿se lleva una sensación real sobre el pueblo catalán?
Cuando llegas por primera vez a Catalunya, los catalanes no son fáciles. Tienes que aprender a mirarlos. En la vorágine de todos los días es difícil ver el ambiente hospitalario y festivo que sí que se ve en Sant Jordi, aunque lo son. Yo siempre he tenido buena relación con Catalunya casi desde el primer momento, pero luego me ayudó el conocerles un poco mejor. Como en el Génesis, que primero dice conocer es amar, y luego, amar es conocer. ¿Cuál es la buena? Las dos, porque son lo mismo. Es difícil no amar los catalanes cuando no los conoces, y cuando los conoces, es difícil no amarlos. Quiero mucho esta ciudad, este pueblo, el olor del Raval... pasear por las calles del Raval es maravilloso. Espero que no cambie o que no se pierda...
Ahora que hablamos de espiritualidad, y si me permite la licencia, un compatriota suyo, Leo Messi, ha logrado dar felicidad completa a buena parte de la ciudad... En un momento dado, la felicidad puede llegar con las cosas más terrenales...
Lo que Messi genera es alegría, no felicidad. Pero no es él solo. No soy futbolero, pero hay cosas que me conmueven. Por ejemplo, en Argentina, y con el Dios Maradona al frente de la selección, muchos se preguntan por qué Messi no rinde. Y yo les digo, porque no tiene equipo. Messi es Messi porque Pep Guardiola es Pep Guardiola. Messi es Messi porque a su alrededor tiene el resto de jugadores, que le acompañan y sustentan. Trabajan juntos y tiran para el mismo lado. Messi nació en Argentina y nunca hubiera podido jugar a fútbol porque de pequeño tenía un problema hormonal. Y Messi fue invitado por el Barça para ayudarlo en su tratamiento. Messi es Messi porque esta ciudad y este club invirtió en él su dinero, su confianza y su amor. Y lo que Messi hace hoy es devolver lo recibido.