02/08/2010
Barcelona, ciudad de negocios
Mònica Sabata
Apenas hace una semana se conoció que Barcelona ocupa la cuarta posición en el ranking europeo de las mejores ciudades para hacer negocios. Creo que es una noticia fantástica: la ciudad condal se sitúa justo después de Londres, Paris y Frankfurt en oportunidades positivas para las empresas y, además, se considera la mejor ciudad en calidad de vida para los trabajadores. En fin, tal como afirmó Miquel Valls, presidente de la Cámara de comercio de Barcelona, este dato indica que nuestra capital ha conseguido una imagen al exterior de metrópolis atractiva y competitiva. Esto demuestra, por lo tanto, que el esfuerzo no se ha hecho en vano. Ahora bien, creo que conviene reflexionar sobre algunas cuestiones que también acompañan la noticia.
En primer lugar, la buena imagen de Barcelona no concuerda exactamente con el reconocimiento que Catalunya tiene al exterior. Es decir, Barcelona es mucho más conocida en el mundo que nuestro país, sobre todo a raíz de los Juegos Olímpicos de 1992. Pero la culpa es, sobre todo, interna. Demasiado a menudo Barcelona, concretamente su Ayuntamiento, han realizado campañas de promoción de la ciudad aislándola en exceso de Catalunya. Por el contrario, las campañas sobre Catalunya siempre se han apoyado en la imagen del cap-i-casal y sus enseñas. Y esto se ha llevado hasta el extremo en la campaña publicitaria de la Generalitat de Catalunya a raíz de la Exposición Universal de Shangai, que se ha hecho con un eslogan muy claro en este sentir: Catalonia, the land of Barcelona (Catalunya, el país de Barcelona). Está claro, pues, que para el Gobierno actual el posicionamiento exterior de Catalunya todavía depende de la ciudad de Barcelona. En consecuencia, soy de la opinión que el país necesita dibujar una marca propia que lo defina por ella misma teniendo en cuenta, no hay que decir, la ciudad pero incluyendo, también, otras muchas peculiaridades que hacen del país un lugar plural, diverso y espectacular.
Dejando de lado esto, me pregunto otra cuestión que considero fundamental. Si Barcelona consigue la cuarta posición sin tener unas infrastructures que faciliten las operaciones comerciales de tránsito de viajeros y de mercancías, ¿qué pasaría si realmente disfrutáramos de unas instalaciones competitivas de verdad? No hay duda que el posicionamiento de la ciudad y del país mejorarían en cantidad suficiente. Les pongo un ejemplo concreto. El aeropuerto de El Prat ocupa ahora mismo la novena posición del ranking europeo por volumen de pasajeros, a pesar de que el tren de cercanías todavía no llega a la nueva terminal T1 y, por lo tanto, que no está muy conectada en la red pública de transportes. ¿Ustedes creen que este es un hecho aceptable para una ciudad y un país que aspiran a encabezar las listas de las mejores ciudades europeas? Sinceramente: servidora cree que no. Y también creo que si no se hace algo para paliar este déficit se puede llegar a comprometer la tendencia que, hoy por hoy, parece positiva. La conclusión es obvia, pues. En los años próximos hay que reclamar un cambio en la política del Estado que ahora recorta infraestructuras en Catalunya. También hace falta que el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat cambien de estrategia para evitar, por un lado, hacerse la competencia y, de la otra, para sumar sinergias sin que la capital oculte el país. Sólo así es como se hacen grandes los países. Sólo así es como se asegura el progreso.