16/08/2010
Dubrovnik
Josep Tordera
Por las calles de Dubrovnik y por la carretera (sólo hay una) que va de arriba a abajo de la Costa Dálmata de Croacia, estos días se pueden ver muchos coches con matrículas de los países que formaban la desaparecida República de Yugoslavia. Coches que van llenos de eslovenos, de bosnios, de serbios, de gente de Montenegro, visitantes que junto con otros europeos, van de tiendas, a bañarse en una costa impresionante a la que, ¡ay!, no hay casi ninguna playa de arena, que se alojan en sus hoteles y que llenan sus restaurantes.
Estos días veían los coches que circulaban por la Costa Dálmata de Croacia, se hacía difícil de creer que hace poco más de 10 años esta misma gente luchaba a muerte entre ellos - y murieron muchos miles de personas -, y todos juntos, aunque algunos más que otros, hacían auténticas salvajadas - y hubieron muchas de salvajadas -. Ahora, en verano de 2010, a primera vista, parece como si hubiera una voluntad casi unánime, de olvidar el pasado y mirar hacia adelante buscando compartir muchas cosas (sentimentales, culturales y económicas) que todavía les vinculan. Así, en cualquier bar, en los supermercados de Croacia, de Montenegro o de Bosnia y Herzegovina, puedes ver como los productos alimenticios, las bebidas y muchos otros productos, suelen estar etiquetados pensando en su distribución en cualquiera de los países de la desaparecida Yugoslavia .
Muchas veces, cuando desde Cataluña se hacen planteamientos a favor de la independencia, se recuerda la tragedia de los Balcanes y el peligro de repetir estos desastres entre nosotros. No sé si alguna vez a este país habrá suficiente número de gente para hacer viable su independencia, pero si llega ese momento, los que manden en Cataluña y en España deberían ser conscientes de lo que pasó en Yugoslavia y lo que pasa ahora, para evitar la parte bestia, la del enfrentamiento, las muertes y las salvajadas. Al fin y al cabo, quizás si que pasado el trauma de la ruptura, con la separación, unos y otros, como ha ocurrido en los Balcanes, nos volvemos a acercar y compartir muchas cosas (sentimentales, culturales y económicas) que tenemos en común los habitantes de eso que ahora es la actual España.
Está claro que el diálogo no siempre es fácil. Siempre hay quien prefiere el juego raso y la patada en la cabeza. Como ocurre con el propietario de una tienda de souvenirs que en la calle principal de Dubrovnik aún exhibe una camiseta del tiempo de la guerra entre serbios y croatas en la que se ve dibujado un avión de la OTAN de los que iban a bombardear Serbia y la frase: "OTAN no te preocupes, Croacia está con vosotros".