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02/08/2010
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Evidencias
Toni Bolaño
La política catalana tiene una retórica permanente que lleva al hartazgo. Los temas a discusión son siempre los mismos, se repiten, o son nuevos –bastante escasos, por cierto- pero de un calado bastante deplorable. El recurrente tema de la política catalana, desde la misma transición, es si el PSC debe tener grupo parlamentario propio o no. El conseller Castells lo ha vuelto a poner encima de la mesa. Sus escasas posibilidades de repetir como número dos del President Montilla –posibilidades que se redujeron a cero cuando se conocieron sus conversaciones con Prenafeta - le han llevado a levantar la bandera de la autonomía del PSC con respecto al PSOE. Y por hacerlo, ha sido jaleado por CiU y su prensa alátere.

Ante el enésimo planteamiento de este debate, cabe preguntarse si el PSC influye más en el PSOE en la actual situación o sería más importante su acción política desde fuera de la familia socialista. En la votación sobre el Estatut el pasado mes de julio, Castells apunta que el PSC perdió una oportunidad para decidir entre Catalunya o el PSOE. El PSC votó en el Congreso una resolución que daba aire al Estatut implicando al Gobierno de España en una solución que diera carpetazo a la cerrazón centralista del Constitucional que se apuntaba a las tesis que quieren poner freno y marcha atrás en la construcción de un estado federal.

Es decir, la resolución que votaron todos los socialistas abría una puerta para tirar adelante, y no se limitaba a rasgarse las vestiduras única y exclusivamente como hacía la moción que votaron los partidos nacionalistas. Se dijo que era llevar a Madrid una respuesta unitaria, cuando todos sabemos que de unidad en el modelo nacional nada de nada, y menos ahora. Por tanto, se puede concluir que los socialistas catalanes votaron a favor de Catalunya con el apoyo del PSOE y cerraron las puertas al involucionismo del PP y al victimismo tradicional de la derecha nacionalista, y también de la izquierda republicana. Y dicho sea de paso, la resolución tenía posibilidades de salir adelante si no se hubiera topado con la clásica alianza de la derecha de CiU i PP. La propuesta de CiU de que todos los diputados catalanes defendieran el brindis al sol del Parlament hubiera sido derrotada de todas, todas, pero siempre quedaría rasgarse las vestiduras en la Carrera de San Jerónimo argumentando eso tan manido que no nos quieren.

Sin embargo, los nacionalistas apoyados por algunos medios de comunicación y a la pluma servilista de algunos supuestos periodistas, volvieron a plantear el tema de la sumisión del PSC al PSOE y argumentaron que los socialistas catalanes solamente serán realmente catalanes cuando dejen de ser socialistas. Castells se suma a esta hipótesis, seguramente por convicción pero también por conveniencia. La tesis de la sumisión que es retórica persigue un final evidente. La división socialista haría perenne la victoria nacionalista en Catalunya, de derechas, y la victoria nacionalista en España, también casualmente de derechas. Un PSC dividido del PSOE pondría en bandeja de plata la victoria de CiU y del PP en las contiendas electorales. El voto dividido socialista es la máxima aspiración de Artur Mas y Mariano Rajoy. De esta forma, se podrían retroalimentar en discursos y agitar los sentimientos de sus propias parroquias sin el temor de una derrota. Además, podrían consolidar a su antojo los tejemanejes en los despachos para perpetuarse en el poder.

Este es el fin perseguido por los dos grandes partidos nacionalistas y de derechas. Por eso, se agita el fantasma de la sumisión del PSC al PSOE como causa de todos los males. El apoyo mediático se convierte en algo intangible que seguramente será satisfecho después de los comicios en forma de concesiones o subvenciones. Lo que se oculta, es que la influencia del PSC en el PSOE ha hecho avanzar a Catalunya más en estos siete años que en los 23 años de CiU. Para echar tierra sobre estos avances evidentes, se engrandecen las diferencias, se apela al castigo que recibe Catalunya desde Madrid y se minimizan los beneficios. Si a esta tesis se apunta algún díscolo socialista se aplaude su “patriotismo” con fervor. Se hizo con Maragall, con Mascarell…….y se hará con cualquier otro socialista, como Castells, que enarbole la bandera de la autonomía que ayude a la ruptura socialista. Son los colaboracionistas útiles.

Roma nunca pagará a traidores pero los azuza para apuntalar sus objetivos. La lástima es que el PSC no tenga voces autorizadas que defiendan con autoridad, sin vergüenza y con la cabeza bien alta que se puede servir a Catalunya sin envolverse todos los días en la estelada, sin prejuicios, y con la valentía de decir que los patriotas no son los que se llenan la boca con los símbolos del país. Hay otra forma de defender Catalunya desde el socialismo como proyecto común de España y como proyecto de una Catalunya más fuerte y con más autogobierno. Esas voces sólo llegan desde Madrid de la mano de la ministra Chacón. No es éste un buen síntoma, sin duda.
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