C.B.
El PSOE empieza este viernes en Sevilla un Congreso Federal en el que casi nadie se atreve a hacer una previsión. Los delegados socialistas elegirán este fin de semana entre el ex vicepresidente del Gobierno central y candidato por Madrid en las últimas generales, Alfredo Pérez Rubalcaba, y la exministra de Defensa y candidata por Barcelona, Carme Chacón. Un madrileño (de adopción) contra una catalana; un hombre de la vieja guardia contra una dirigente que ha destacado en la época de Zapatero. Pero la pugna no se reduce sólo a eso.
El propio Rubalcaba, por ejemplo, no tiene muy claro el apoyo del nada zapaterista PSOE madrileño, donde Tomás Gómez se ha mantenido en una
teórica neutralidad, aunque parece claro que se inclina por Chacón. También la exministra tiene
voces en contra en su casa, las de algunos representantes del ala más catalanista del PSC, a pesar de que los delegados catalanes le darán un apoyo casi total. Y dónde más cruenta ha sido la batalla precongresual es en Andalucía. El jefe de los socialistas andaluces, José Antonio Griñán,
se decantará finalmente por Chacón. Pero no después de que la división se hiciera patente –e incómoda– agrupación por agrupación.
La sombra incómoda de Zapatero
Aparte, es cierto que Chacón representa el legado de Zapatero, lo que parte de la militancia considera como una herencia negativa. Pero también ven muchos en ella un mensaje de renovación. Además de que Rubalcaba fue igualmente un dirigente de primer orden durante las dos últimas legislaturas socialistas, muy por delante la propia Chacón. Sin olvidar que fue el candidato derrotado el 20-N, con el peor resultado histórico del PSOE en toda la democracia.
Frenar el descontento
Sea Chacón o sea Rubalcaba, al ganador del congreso le espera un difícil reto: recuperar la confianza de los votantes de izquierdas que abandonaron masivamente al PSOE, desencantados por las medidas económicas de la parte final del mandato de Zapatero. Todo ello, mientras el PP y sus aliados controlan el poder central, el autonómico y el de prácticamente todas las capitales de provincia del Estado, además de disfrutar de más apoyo mediático. Y, para rematarlo, con
dificultades económicas internas.