Panorámica del festival
Los más de 40.000 asistentes –según la organización– que abarrotaron el Parque del Fòrum con motivo del Sonisphere Festival confirman que hay público de sobra para un gran festival metal en Barcelona. Desde finales de los 80' y principios de los 90', cuando tenía lugar el ya mítico Monster of Rock, la capital catalana no había presenciado un acontecimiento ligado al rock más duro con un público tan numeroso.
Contar con Metallica como cabeza de cartel puede parecer una garantía cien por cien fiable para llenar un recinto del tamaño del Fòrum, pero alguna cosa ha cambiado en los últimos seis años desde el 2003, cuando durante la gira del 'St. Anger' los californianos no llenaron una versión muy reducida del Estadio Olímpico, en el llamado Doctor Music Day, en que se congregaron 16.000 personas. Ni la mitad que en el Sonisphere. De hecho, los servicios de tickets, de barras de bebida, comida y servicios del Sonisphere resultaron claramente insuficientes, provocando largas colas y que muchos asistentes utilizaran las vallas que rodeaban el recinto de los lavabos. Las infraestructuras del festival quedaron claramente desbordadas.
Mastodon
El sonido del festival varió del escenario principal al secundario. Si bien en el gigantesco escenario principal resultó muy bueno, en el segundo escenario eran muy habituales las 'bolas de sonido', como sufrieron los asistentes al concierto de Mastodon, donde, además, el guitarrista solista, Brent Hinds, sufrió una continúa pelea con su técnico de sonido. Sin embargo, los Mastodon fueron posiblemente el grupo que confirió más variedad a su show de todo los que tocaron en este festival, desde canciones alocadas, a veces próximas al grindcore como 'Bladecatcher', hasta 'delicatessen' de guitarra solista como 'The Czar' o la contundencia de las canciones del 'Leviathan' como 'I am Ahab', 'Aqua Dementia' u otros como 'Blood & Thunder' o una alargada 'March for the Fire Ants'.
Mastodon
Lamb of God fueron, por su parte, una máquina despiadada que, por boca de su cantante, Randy Blithe, pidió 'walls of death', 'crowd surfing' y 'circle pits' en abundancia –estas prácticas típicas de los conciertos de hardcore y que son una especie de 'nos damos un montón de hostias pero de buen rollo' – aunque sin toda la intensidad que él deseaba. Sonaron temas como 'The Passing' o 'Now You've Got Something to Die for'.
Con el grupo del ex Pantera Phil Anselmo, Down, viendo los técnicos montar su escenario, estaba claro cómo sonaría. Aquella retahíla de Marshall's naranjas, tan típicos de los conciertos de drone doom –las vibraciones como leitmotiv–, presagiaban, tal y como fue, una muestra de cómo sería una sinfonía dedicada a un pantanal del Mississippi. Doom, sludge, metal ... Un viaje muy denso, amigo de los cigarrillos de humo también muy denso, fue el que nos ofrecieron Down. A destacar la presencia de Mastodon en el último tema, 'Bury me in Smoke'.
Down
Machine Head, que de tributo a Deep Purple tienen bien poco, hicieron un show en el escenario del que nadie pudo sustraerse, en parte gracias al sistema de sonido del festival que estaba repartido por todo el recinto y no sólo en el escenario principal. Presentan todavía su último disco, 'The Blackening', del 2007. Sonaron temas como 'Aesthetics of Hate', 'Beautiful Morning' o 'Descending The Shades of Night'.
Escenari Slipknot
El circo al festival llegó con Slipknot, aunque con una baja en sus filas, la de Chris Fenn, que tuvo que volver a los Estados Unidos por la muerte de un familiar. Su máscara ocupó un lugar de honor en el escenario en el que se movías los otros 8 componentes liderados por el vocalista Corey Taylor. Los efectos escénicos espectaculares, como una batería montada sobre una grúa que subía y bajaba y que también se desplazaba sobre su eje hasta dejar a su batería, Joey Jordison, al revés, fueron la nota predominante mientras tocaban 'Disasterpiece', 'Duality', 'Wait & Bleed' o 'Spit it Out', entre otras.
Slipknot
Y llegaron los más esperados de toda la velada. Metallica confirmó el reencuentro con su público más fiel y clásico, y también más dolido con su cambio de estilo durante los últimos quince años de 'loads', 'reloads' i 'saintangers', con un setlist hecho casi a su medida. Empezaron cuando ya pasaban 20 minutos de las doce de la noche -es decir, con 20 minutos de retraso- con la clásica intro de la película 'El bueno, el feo y el malo' de Ennio Morricone para dar paso a un inicio devastador con 'Fight fire with fire', 'Creeping death' i 'No remorse', con un sondio crudo pero bien definido que hizo levantar los puños y las melenas de aquellos que no estaban demasiado ajetreados grabando el concierto con su cámara digital o el móvil.
'Of Wolf and Man', de su conocido 'Black Album', mantuvo el tipo aunque el concierto empezó a bajar ligeramente en intensidad, que no en calidad, para dar paso a la primera balada de la noche, 'Fade to Black'. Más adelante vino 'One', que empezó de forma espectacular con llamas, explosiones y pirotecnia, la única concesión al 'rock de estadio' de un show que resultó muy sobrio en escenogrfía, ya que ni tan sólo se pudo ver el habitual logo del grupo como telón de fondo.
Metallica - One (inicio)
Y no fue hasta la sexta canción que tocaron un tema de su nuevo trabajo, 'Death Magnetic'. Fue 'Broken, beat and scarred', que junto con 'My Apocalypse', 'All nightmare long' y 'The day that never comes', fue el encargado de representar este este dico que, aunque mezclado lamentablemente, suena en directo muy potente y bastante digno en comparación con los clásicos y representa un salto adelante respecto a los últimos 15 años de su producción musical, un reencuentro más o menos afortunado con el 'Black Album'.
La última parte del concierto, antes de los bises, resultó una concesión a sus grandes éxitos con 'Master of Puppets', 'Blackened', la pegadiza 'Nothing else matters' y 'Enter Sandman', una canción que introdujo a muchos jóvenes en el mundo del heavy-rock a principios y mediados de los 90'.
Metallica - Master of Puppets
Los bises fueron el momento idóneo para una versión, 'Stone Cold Crazy', de Queen, y dos canciones de su disco debut 'Kill'em All': 'Phantom Lord' y una alargada 'Seek & Destroy'.
En total, más de dos horas de concierto en el que demostraron un estado de forma muy bueno aunque el cantante James Hetfield explicó al público que 24 horas antes estaba sentado en una silla de ruedas debido a un intenso mal de espalda.