Dos conversaciones de hoy me hacen escribir esta columna. La primera, con un empresario, votante del PP en las generales y de CiU en las autonómicas, que me dice, compungido, que ha perdido la confianza en Rajoy como salvador de la economía española y que ya ha iniciado los tramites para colocar sus ahorros, legales, en un banco extranjero. Insisto en que no se trata de dinero negro, sino de ahorros que han pagado sus impuestos, depositados en bancos españoles. La segunda, con un asesor fiscal que me confirma que este mes de junio las consultas y las operaciones de salida de capitales han aumentado espectacularmente, hasta el extremo que algunas entidades extranjeras están creando oficinas de información para españoles que quieren sacar su dinero de España.
Las cifras oficiales ya recogen claramente esta tendencia. La cuenta financiera de la balanza de pagos no hace más que deteriorarse, tanto por la retirada de inversores extranjeros como por los fondos que los españoles han colocado en el exterior. En los tres primeros meses de este año, según el Banco de España, se han ido 97.000 millones netos, la misma cifra que en todo 2011.
A la fuga de capitales al extranjero hay que unir la fuga de capitales en España de un banco intervenido a otro teóricamente sano. Según una encuesta de la OCU, un 15% de los clientes de las entidades intervenidas se han llevado su dinero. Un 80 %, a otras entidades; un 17%, al calcetín, y un 3%, al extranjero (hay que tener en cuenta que las transferencias al extranjero se dan entre personas con capìtales importantes y no en pequeños ahorradores).
Esta desconfianza, incrementada con el episodio del rescate de la semana pasada, está también lastrando el éxito de la amnistía fiscal (regularización fiscal, según Montoro). Además, los grandes bufetes pretenden que se aclare que la regularización acaba no sólo con el delito fiscal sino también con el delito de blanqueo, lo que no está claro en la normativa aprobada.
En definitiva, el gobierno Rajoy ha dilapidado en pocos meses su principal activo electoral: la generación de confianza. Ya no creen en él ni sus votantes, y lo demuestran de forma fehaciente: sacando su dinero del país y no acogiéndose a la amnistía fiscal. Y es que el miedo a un corralito y a la salida de España del euro no hacen más que aumentar a cada día que pasa, lo que hace inútil cualquier medida que se adopte para tratar de corregir la situación.