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15/07/2012 21:33
También el Hospital Clínic se independizará
Sin título
Tercera ley de destrucción del ICS
Alfons Quintà
La Generalitat está finalizando el anteproyecto de la que será la tercera ley de privatización –de hecho, destrucción– del Institut Català de la Salut (ICS), así como otra de salida del marco público del Hospital Clínic de Barcelona, al cual se dotaría de personalidad jurídica plena. Vaya, Clínico adiós. Ahora podrá ganar aun más dinero del que ya gana con la carísima Barnaclínic.

Siempre según ha sabido este diario de fuentes de la Presidencia de la Generalitat, ambas sacudidas legislativas tendrán forma de ley de acompañamiento del presupuesto de la Generalitat para 2013, la nueva "ley òmnibus". De este modo se obviará el debate parlamentario.

Una de las fuentes informantes, por supuesto de CDC, lo encontró "escalofriante, indignante e impropio de una democracia". Añadió: "Hemos tenido infinidad de escándalos sanitarios. Se han expuesto como nunca antes los intereses de la cúpula de la conselleria y de CDC en relación a la sanidad privada concertada. Está la dimisión obligada de Josep Prat, en un marco de acciones legales. Para acabar, tenemos paralelamente la constitución de una comisión parlamentaria de la sanidad catalana. Y ahora la Presidencia de la Generalitat toma una decisión que no solamente va en el mismo sentido del que ha generado los desastres sino que todavía lo hace de manera más radical".

Se pueden añadir el incremento de las listas de espera, la disminución de la actividad quirúrgica, el euro por receta, los reiterados recortes de sueldos del personal sanitario, la reducción de este, el silencio del Colegio Oficial de Médicos de Barcelona, dominado por Jaume Aubia (CDC), y mil cosas más, todas ellas regresivas

Esta tercera oleada legislativa contra la mayor empresa pública de Catalunya (el ICS) se produce en un momento en que se ha hecho público por el Observatorio del Sistema de Salud de Catalunya el cuarto informe del ámbito hospitalario de la Central de Resultados, volviendo a acreditar el alto nivel de los centros hospitalarios del ICS –los únicos ahora objeto de informe–, a pesar de la locura anti-ICS de la Generalitat.

La Generalitat, más cegada que nunca
El trabajo de destrucción del ICS había sido confiado a Josep Prat, que ha tenido que dimitir, por razones expuestas desde hace semanas por este diario digital. Se pueden reencontrar en la sección "El Debate Sanitario". A pesar de que Artur Mas quería que lo sustituyera un dirigente de CDC, no se pudo convencer a nadie. Incluso se le propuso a la número dos de la conselleria (Roser Fernández), que lo rehusó.

Por eso, improvisadamente, el cargo recayó, por imperativo legal, en un médico independiente, Joan Viñas Salas. Este ya ha manifestado en privado que se considera un presidente provisional. ¿Qué pasará ahora? ¿Se presentará aquella bofetada legislativa sin pasarla por el Consejo de Administración del ICS? ¿Se le presentará con el riesgo deque sea rechazada o genere un fuerte debate?

No hay que olvidar que aquel consejo es de composición muy amplia. Hay representantes de sindicatos (como CC.OO y UGT) y también de organizaciones cívicas.

Las posibilidades tan sólo jurídicas de acción contra la tercera oleada legislativa contra el ICS son importantes. En efecto, por su redacción, la Generalitat ha encontrado muchas reticencias entre sus propios asesores, internos y externos. Por lo tanto, hay la posibilidad de un combate jurídico, además de los obvios en el orden político, social y, no hay que olvidarlo, económico. Por parte de la Generalitat, hay de una canción de nunca acabar que sólo habla de recortar costes. Pero no es cierto. Cada día tenemos un modelo más caro, hecho a base de parches y del todo incomprensible.

Una conselleria desguazada
Un médico eminente, con el carné de CDC en el bolsillo, me dice: "En la conselleria (de Salud) nada funciona. Los directores generales no se hablan entre sí. Los altos ejecutivos están desesperados: expresan criterios técnicos contra lo que se les dice que tienen que hacer, que finalmente es pasado a asesores externos –algunos de los cuales dicen lo mismo– o bien a técnicos de la Conselleria de Finanzas que han perdido la cordura y recortan irracionalmente, por sistema. No entiendo como no hay más acciones judiciales, porque el destrozo del ICS se ha convertido en un apriorismo pasional, muy mal llevado a cabo. Encuentran gusto en hacerlo, tanto que puede hacer pensar que odian al ICS."

Todo esto no queda nada desmentido por la revelación según la cual se sacará del marco público al Hospital Clínic de Barcelona, donde hoy la figura clave es Josep Maria Piqué, muy cercano al jefe de hecho del Colegio de Médicos, Jaume Aubia, y a CDC.

Históricamente, es un referente de la asistencia pública, paralela a su función docente, desde 1906. Pasó a formar parte del Servei Català de la Salut de la Generalitat. Hace pocos años creó en su sede la Barnaclínic. Practica la medicina liberal, si entendemos por ésta la de la libertad de cobrar. Allí trabajan médicos del propio Clínic –formados gracias a la experiencia adquirida en éste–, cobrando facturas inmensas, comparables a las de la famosa Clínica Mayo de los Estados Unidos.

Según los borradores a los que este diario ha tenido acceso, se está intentando pasar lo que es un patrimonio público por antonomasia (el Hospital Clínic) a una fundación privada en la que dominarían médicos del citado hospital. De este modo, desaparecerían el control y la gestión pública, propias del Derecho Administrativo, para pasar a funcionar como una clínica privada. Se podría decir que a los médicos del entorno de Josep Maria Piqué los habría tocado la lotería.

También tiene adscritos centros de atención primaria que pasan todo tipo de penurias, si bien –parece que se cachondeen– acaban de lanzar un concurso para crear un nuevo logotipo. ¿El nuevo 'logo' tendrá facultades curativas?

Piqué y Aubia son profetas de discursos tecnológicos, como el que asumió Artur Mas en su reciente viaje a Boston. Escondió que la principal razón era encontrarse con dirigentes de la gran mutua de servicios médicos Kaiser Permanente. Ésta actúa en un mercado sanitario libre, mientras que aquí la mayoría de usuarios no pueden ni pensar de dejar de estar en un marco público. Todos los políticos les habían dicho que era universal, gratuito y para siempre jamás. Ahora los quieren llevar hacia sistemas privados que están en manos de sus amigos, por razones económicas obvias. Es un nuevo marco pensado por y para sus amigos, y esto ya empieza a ser visto por demasiadas personas. Lo que sorprende es que haya quien todavía no lo ve.

El gran miedo de CDC
A pesar de ser conscientes de no saber hacia donde van y que el puerto de llegada será un desastre, la cúpula de la Generalitat está sacando adelante sin piedad la destrucción del ICS. Todavía crueen –o dicen– que después todo será coser y cantar. Habrá mejores máquinas amigas suyas dedicadas a intentar ganar más pelas. Pero la pauperización en curso muestra la imposibilidad de su sueño.

La improvisación acreditada en relación a la dimisión de Prat muestra que su osadía los ciega. Puede llevarlos a un desastre público más rápidamente de lo que parece. En conversaciones con fuentes médicas, he mencionado varias veces que horas antes de vencer al genocida Napoleón en la batalla de Waterloo, el Duque de Wellington pensaba que podría perder la batalla. No fue así.

El Govern cuenta con el gran elemento táctico que representan los sistemas de manipulación informativa de la Generalitat y 'La Vanguardia'. Pero saben que si la realidad y el alcance del desastre sanitario catalán –sobrepuesto al español– es entendido por una buena parte de la población, el coste político que puede representar para CiU será inmenso.

Por eso, el martes hay una reunión de un grupo de médicos de la sectorial de Sanidad de CDC que querrían evitar que lo que ha pasado con Prat se reproduzca respecto a Jaume Aubia, jefe efectivo del Colegio de Médicos de Barcelona. Lo tienen difícil.

Sobre todo si la comisión parlamentaria en sanidad hace un poco sus deberes, cosa que no es segura. En todo caso, el goteo informativo continuará siendo imparable. Por suerte, La Generalitat no dispone de los medios de presión ni de represión de un Estado independiente. Artur Mas tampoco está mostrando ser un nuevo Garibaldi, ni un Bismarck, ni un Bolívar, ni prácticamente nada. Como Napoleón, confía demasiado en sus fuerzas, de siempre muy menores que las del tirano corso.

FOTO: Habitación de Barnaclínic
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